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Solo quiero saber qué pasó con él: madre de soldado cucuteño en Ucrania, desesperada por su hijo
Desde el jueves presumen que cayó víctima de un ataque explosivo.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 30 de Septiembre de 2026

Desde hace cuatro días, una familia del barrio Bellavista vive pegada al teléfono, esperando una llamada que les confirme qué pasó con uno de sus hijos, quien se fue a Ucrania y, desde el pasado jueves, permanece incomunicado y podría estar muerto.

David Fernando Jaimes Niño se fue de Colombia en busca de una mejor solvencia económica para brindarle una mejor vida al hogar que estaba formando. Consciente de los riesgos que esto implicaba, aparentemente, su vida terminó siendo consumida por esos mismos peligros.


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A las 3:37 p.m., hora colombiana del pasado jueves, aparece la última conexión de WhatsApp en el teléfono de Jaimes, quien frecuentemente se comunicaba con su pareja sentimental y su hijo mediante videollamadas.

Aunque las circunstancias de su posible desenlace aún son desconocidas esto mantiene a su familia sumergida en la incertidumbre.

Esta versión proviene únicamente de testimonios de compañeros de batalla, también colombianos, pues desde los altos mandos y las personas que lo contactaron para llevarlo a tierras ucranianas no se han comunicado con la familia.

“Solo quiero saber qué pasó con él”, repite, desconsolada, Sandra Niño, madre de David, quien relata que desde ese jueves ha vivido casi una semana de completo desespero, sin tener la certeza de que su hijo haya muerto.

“Yo necesito ver una foto de uno de sus tatuajes, que tenía bastantes, para estar segura de que es él y tener esa tranquilidad de saber qué pasó”, dice ella, quien ha enfrentado varias versiones sobre el supuesto desenlace.


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La muerte

Lo único confirmado por varias fuentes es que el campamento donde se encontraba David, junto con varios compañeros, fue atacado en la medianoche del viernes, hora ucraniana, cuando en Colombia eran las 4:00 de la tarde del jueves, 24 de septiembre.

Desde entonces no ha habido comunicación alguna de su parte y los mensajes que le envían no son recibidos, por lo que se presume que su teléfono fue destruido en el ataque.

Inicialmente, un compañero les contó que el ataque había sido perpetrado con una fuerte carga de explosivos, por lo que, según esa versión, no había quedado nada del cuerpo. Sin embargo, días después, otra persona les dijo que el cadáver estaba a escasos metros de la base, prácticamente intacto.

“Uno no sabe ni qué creer”, sentenció Sandra.

Un compatriota se contactó con ellas, pues Jaimes le había dejado sus datos de contacto. Les dijo que tenía algunas de sus pertenencias y que podría enviárselas por encomienda. Sin embargo, la mujer insiste en que primero necesita tener la certeza de que su hijo está muerto.

Algo que les ha generado tanto enojo como indignación es la falta de comunicación por parte de los comandantes. Aunque nunca se comunicaron antes con la familia, sus integrantes están seguros de que Jaimes dejó registrados los números telefónicos de su mamá, hermana y pareja para que les avisaran en caso de que algo sucediera.


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Metas incumplidas

Con dolor, Sandra cuenta que esperaba recibir a su hijo de regreso este diciembre. “Él decía que cumplía el año y lo dejaban ir para que llegaran otros e hicieran ese relevo”, contó, en referencia a una promesa que, de confirmarse su muerte, ya no podrá cumplirse.

Otro de sus objetivos era tener, por fin, una vivienda propia, pues vivía con su familia antes de irse. En Bellavista ya habían cotizado un terreno que iba a ser comprado con el sueldo que le llegaría a Jaimes a principios de octubre.

“Para diciembre, cuando llegara, quería que el lote ya estuviera arreglado”, relató.

Su idea era cumplir ese ciclo, permanecer un año en Ucrania y luego regresar a su tierra natal. Con el dinero ahorrado esperaba sacar adelante a su familia y montar un supermercado.


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Chiqui, el Rey

Residente de la ciudadela La Libertad durante toda su vida, David no tuvo una vida fácil. Tenía apenas 31 años e incluso enfrentó adicciones durante su juventud. Luego logró recuperarse y mantuvo siempre un espíritu positivo y descomplicado.

Una de sus grandes adversidades fue la informalidad laboral. Sus familiares relatan que recurría a la venta de rifas en sectores cercanos para conseguir el sustento de su creciente familia.

Su pequeño hijo lleva su mismo nombre, David, y quedó ahora como uno de los recuerdos más importantes que pudo dejarles.

Jaimes tenía dos apodos. El primero que le colocaron fue Chiqui y nació en su propio hogar, aunque a él no le gustaba.

“Desde pequeño le decíamos así y él se ponía bravo: ‘Yo no me llamo Chiqui, ¡yo me llamo David!’, decía”, relató Sandra.

El otro era el Rey, un apodo que hoy permanece en uno de los recuerdos que quedan en aquella casa. Allí hay un retablo con esa leyenda y una de las primeras fotografías que envió tras su llegada a Europa.


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La despedida

Apenas una semana después de cumplir 31 años, el 18 de noviembre del año pasado, Chiqui fue seducido por aquella propuesta. La promesa de un sueldo fijo complementaba su deseo de darle un mejor sustento a su hijo.

Antes de que terminara ese mes ya había partido y, para la primera semana de diciembre, ya estaba en el campo de batalla. En total, se quedó a un par de semanas de cumplir once meses en Ucrania.

“A él nadie lo obligó a irse. Por más que le rogué, él estaba decidido…”, cuenta su mamá.

La mujer también relata que el augurio de muerte llegó a su casa ese jueves.

Desde que se había ido, ella instaló un velón en la sala de su casa y lo mantenía siempre encendido. Cuando se agotaba, lo cambiaba por otro sin dejarlo apagar. Pero justamente esa tarde, sobre las 5:00 p.m., en un descuido, la llama se apagó.

Desde entonces, por más velones que ha encendido, “se queman como nunca, muy rápido”, dice Sandra, quizá influenciada por el ambiente lúgubre que la tragedia ha dejado en su hogar.


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